Con la llegada de las nuevas tecnologías y los últimos avances científico-tecnológicos, nuestra población se ha visto inmersa en un continuo crecimiento social y económico. Esto ha hecho cambiar el concepto de salud y calidad de vida(Buceta, 1998).
El ejercicio físico, en sus múltiples actividades y disciplinas, se ha ido amoldando a estos nuevos conceptos, abriéndose la actividad física como una nueva perspectiva de concebir la salud y el bienestar. Por ello cada día más, existe una conciencia generalizada de la práctica de ejercicio físico, no solamente en la población joven y de mediana edad, sino en la última etapa del ciclo vital, la tercera edad(Wilmore, 2004). Esto es debido a los diversos beneficios que aportan a la salud física, psicológica y emocional, tales como:
- Mejoras en el sistema musculo-esquelético. Esto se traduce en una deceleración de la pérdida de masa muscular y ósea. Por tanto se previenen y se mejoran enfermedades asociadas a dicho sistema tales como la osteoporosis, enfermedades articulares degenerativas, artrosis, etc.
- Mejoras en el sistema cardiovascular, previniendo enfermedades cardiacas y circulatorias. Además de disminuir factores de riesgo cardiovasculares como la dislipemia, diabetes y obesidad.
- Mejora en la coordinación de los movimientos de las distintas cadenas musculares.
- Se reduce el porcentaje de tejido adiposo, evitando la obesidad y las enfermedades asociadas.
- Se incrementan las relaciones sociales y se mejora la autoestima, evitando la depresión, sentimientos de soledad y la baja autoestima.
- Se mejoran las buenas conductas alimenticias y de abandono del consumo de tabaco.
Siempre adaptados a cada uno de nosotros según la edad, condición física y patologías conocidas.
La prescripción de ejercicio físico tiene como objetivo general entonces, mejorar la forma física, promover la salud mediante la reducción de los factores de riesgo de enfermedades crónicas y aumentar la seguridad durante la práctica del mismo, teniendo en cuenta los intereses, necesidades de salud y estado físico de cada individuo.
La cantidad de ejercicio físico necesario para reducir significativamente el riesgo de enfermedades crónicas, es considerablemente menor que la que se necesita para desarrollar y mantener niveles elevados de forma física.
Que produce la actividad física regular sobre la salud es mayor en individuos que padecen enfermedades crónicas (Abellan, 2014).
Además, lo ideal para conseguir beneficios es que la frecuencia de entrenamiento sea de tres veces a la semana, llegando a cinco días semanales para personas con una buena condición física (Sánchez, 2005).
El Colegio Americano de Medicina del Deporte, prescribe las recomendaciones de ejercicio, en las que se incluyen tres bloques de trabajo diferenciados: fitness cardio-respiratorio, fuerza muscular y flexibilidad.
Por todo ello, es importante la orientación y seguimiento por parte de un equipo de profesionales en el deporte(Earle 2008).